Caerse, levantarse y volver a intentarlo; la filosofia de Jesús, profesor de skate en Chile.

Jissahs: de ser el único niño que patinaba en su barrio a formar nuevas generaciones sobre una tabla.

Algunas personas encuentran el skate en un parque. Otras a través de un amigo. Algunas por curiosidad.

La historia de Ayrton Jesús Alban Hervias, más conocido como Jissahs, comenzó en un momento de su vida donde necesitaba mucho más que un deporte.

Hoy tiene 29 años, vive en Santiago de Chile y es conocido por su trabajo como profesor y formador dentro de la comunidad skate. Pero cuando recuerda sus primeros años sobre una tabla, vuelve a una realidad muy distinta.

Vuelve a ese adolescente de 13 años que acababa de mudarse para vivir con su padre por primera vez.

Hasta entonces había sido criado por sus abuelos maternos en Chimbote, Perú. El cambio significó empezar de nuevo en una ciudad donde prácticamente no conocía a nadie.

"Mi primo me enseñó a andar en skate para que compartiéramos más tiempo juntos", recuerda.

Lo que ninguno de los dos imaginaba era que aquella decisión terminaría marcando gran parte de su vida.

Aprender a través de las caídas

Jissahs comenzó practicando street skate en Lima, en una época donde los skateparks eran escasos y la mayoría de los aprendizajes ocurrían en calles, plazas y cualquier espacio donde existiera la posibilidad de rodar.

Con el tiempo desarrolló una conexión especial con el bowl, disciplina que actualmente ocupa gran parte de sus sesiones.

Pero más allá de la modalidad, lo que realmente lo atrapó fue la mentalidad que existe detrás del skate.

Mientras muchos deportes tienen entrenamientos estructurados y objetivos claros, el skate obliga constantemente a convivir con la frustración.

Intentar.

Caer.

Volver a intentar.

Y seguir.

"Me gustó sentir que mientras más intentaba algo, aunque me cayera muchas veces, eventualmente lo lograría."

Sin darse cuenta, aquella filosofía comenzó a acompañarlo también fuera de la tabla.

El niño que hacía ruido en el barrio

Cuando habla de sus inicios, lo hace con una sonrisa.

Recuerda ser probablemente el único niño de su barrio que andaba en skate.

También recuerda los reclamos de los vecinos cuando las bancas de las plazas terminaban convertidas en obstáculos improvisados.

"Siempre me retaban por el ruido o porque dañábamos las bancas".

Son recuerdos simples, pero reflejan una época donde el skate todavía era algo poco común en muchos lugares.

Para él, sin embargo, representaba libertad.

Era la posibilidad de salir, conocer personas, descubrir nuevos espacios y construir una identidad propia.

Una lesión que lo obligó a detenerse

Como ocurre con muchos skaters, las lesiones también formaron parte de la historia.

Una de las más importantes fue una dislocación de rodilla a los 16 años, experiencia que lo obligó a alejarse durante un tiempo.

Y aunque físicamente logró recuperarse, la lesión también le enseñó algo importante: aprender a ser paciente.

A lo largo de los años incluso hubo periodos donde dejó el skate por completo.

Pero siempre terminaba regresando.

Porque había algo más fuerte que la dificultad de continuar.

Había una conexión genuina con aquello que el skate le hacía sentir.

Cuando descubrió que enseñar era su camino

Quizás uno de los capítulos más importantes de su historia llegó cuando entendió que su relación con el skate podía ir mucho más allá de practicarlo.

Descubrió que disfrutaba enseñando.

Disfrutaba ver a otros aprender.

Disfrutaba acompañar procesos.

Disfrutaba transmitir experiencias.

Ese descubrimiento cambió muchas cosas.

Porque ya no se trataba únicamente de sus propios objetivos sobre la tabla.

Ahora también se trataba de ayudar a otros a alcanzar los suyos.

"Retomé el skate cuando descubrí que mi vocación era enseñar y transmitir."

Desde entonces, cientos de alumnos y alumnas han pasado por sus clases.

Y aunque cada uno tiene objetivos distintos, todos comparten algo en común: encuentran a alguien que entiende que el skate puede enseñar mucho más que trucos.

Formar personas a través del skate

Cuando habla de sus alumnos, rara vez menciona maniobras o resultados.

Lo que más destaca son los cambios que observa en ellos.

La confianza que desarrollan.

La perseverancia.

La capacidad de levantarse después de una caída.

La seguridad para enfrentar nuevos desafíos.

Por eso uno de los momentos que más recuerda no ocurrió necesariamente durante una competencia.

Ocurrió cuando vio a una de sus alumnas transformarse en líder e inspirar a otras niñas dentro de la comunidad.

Para él, experiencias así representan algo mucho más profundo que cualquier logro deportivo.

Son la prueba de que el skate puede generar cambios reales en las personas.

Un líder que no esperaba encontrar

Curiosamente, Jissahs nunca imaginó convertirse en referente para otros.

Se describe como alguien que durante su infancia prefería seguir al grupo antes que dirigirlo.

Sin embargo, el paso de los años le mostró otra faceta de sí mismo.

Descubrió que podía liderar.

Que podía inspirar.

Que podía construir comunidad.

Y que podía ayudar a otras personas a desarrollar esas mismas capacidades.

"Gracias al skate descubrí que soy un líder, y que también puedo formar líderes."

Lo que significa el skate hoy

Después de más de 16 años patinando, la definición de skate para Jissahs es mucho más amplia que cuando comenzó.

Hoy significa amigos.

Significa familia.

Significa trabajo.

Significa comunidad.

Significa felicidad.

Pero sobre todo significa gratitud.

Porque gran parte de las personas, experiencias y oportunidades que forman parte de su vida llegaron gracias a una tabla.

 

Mirando hacia adelante

A futuro, su visión es clara.

Le gustaría seguir creciendo como profesor y construir un equipo de instructores que compartan una misma filosofía.

Una donde el objetivo no sea únicamente enseñar skate, sino también transmitir valores.

Resiliencia.

Respeto.

Perseverancia.

Creatividad.

Compañerismo.

Y aunque todavía tiene sueños por cumplir —como tener una casa propia con un bowl y una pequeña cafetería para compartir sesiones con amigos y alumnos— reconoce que gran parte de aquello que soñaba cuando era niño ya forma parte de su realidad.

Preparado para lo que venga

Una salida que parecía ser una sesión corta puede convertirse en horas sobre la tabla. Una clase puede transformarse en una larga conversación . Y una tarde cualquiera puede terminar creando recuerdos que permanecen para siempre.

Por eso Jissahs siempre sale preparado.

En su BULLYpak nunca faltan los elementos que lo acompañan en cada jornada: casco, rodilleras, coderas, zapatillas de recambio, una polera extra, agua, galletas para recuperar energía, un pequeño botiquín, herramientas y algunos rodamientos extra para esos imprevistos que todo skater conoce.

Después de años enseñando y pasando gran parte de sus días entre skateparks y sesiones, aprendió que la comodidad también es parte de la experiencia. Tener espacio para llevar todo el equipo, encontrar fácilmente lo que necesita y saber que puede contar con sus implementos durante toda la jornada le permite concentrarse en lo importante: disfrutar el skate.

Más que skate!

Hoy, Jissahs pasa gran parte de sus días entre skateparks, clases y sesiones. Un escenario muy distinto al de aquel adolescente que llegó a una ciudad nueva sin imaginar todo lo que el skate le tenía preparado.

Lo curioso es que, después de más de 16 años, sigue buscando exactamente lo mismo que cuando comenzó: disfrutar el proceso.

La diferencia es que ahora no recorre el camino solo.

Detrás vienen decenas de alumnos, amigos y familias que también encontraron en el skate un lugar al que pertenecer.

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